Por María Lucía Hernández Dueñas (*)
Primera Página - Agencia de Noticias -
Roma (Italia). - El pasado seis de septiembre el Partido Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo una victoria contundente en la región alemana de Sajonia-Anhalt, ganando con un 43,8%, quedando 26,6 puntos porcentuales por encima del CDU (Unión Demócrata Cristiana) y a 34,5 puntos porcentuales del SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania). Esta victoria ha generado un revuelo público en Europa, pues mientras algunos temen que este resultado abra la puerta a la llegada de la extrema derecha al gobierno de un estado alemán por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, otros lo ven como un símbolo de esperanza para el restablecimiento de la seguridad nacional y de una agenda de “Unser Land zuerst!” o “¡nuestro país primero!”.
Como lo señaló el Instituto per Gli Studi Di Politica Internazionale (Ispi), la victoria de la AfD confirma una tendencia que la Unión Europea observa con preocupación: el crecimiento de las derechas radicales no es un fenómeno aislado, sino una constante extendida en el escenario político europeo, destinada a influir en las próximas citas electorales, desde Francia e Italia hasta España y Polonia.
¿Pero qué tienen en común el lema de la AfD y el ‘primero los colombianos…’ de Abelardo de la Espriella? Que, manteniendo las debidas diferencias, ambos casos se enmarcan en una tendencia mundial en la que distintos partidos de derecha y ultraderecha ofrecen no solo una idea de protección y seguridad, sino una del restablecimiento de un orden que alguna vez existió.
¿Qué papel juegan los inmigrantes tanto para los Defensores de la Patria como para la AfD?
En ambos contextos, la migración ha sido incorporada a una narrativa centrada en la seguridad nacional. Para la AfD, la migración ha sido un pilar central de su programa electoral y lo ha llamado “Wir wollen eine Migrationspolitik im Interesse Deutschlands” o “queremos una política migratoria en interés de Alemania”. Esto quiere decir una política que propone: controles fronterizos sistemáticos, rechazo en frontera de inmigrantes irregulares, remigración de personas sin derecho de permanencia en el territorio y retirarse de los Pactos de Naciones Unidas sobre Migración y Refugiados.
Por su parte, aunque Abelardo de la Espriella, mediante su partido Defensores de la Patria, no se priorizó la migración como eje central de su programa electoral, durante su campaña presidencial sí afirmó “primero los colombianos y si nos sobra algo ayudamos a los demás, pero primero están nuestros ciudadanos y el respeto por la ley”. Bajo esa misma línea y una vez posesionado en el cargo aseveró hace un mes que iba a combatir contra la migración irregular y ordenaría la deportación de quienes se encontraran irregularmente en el país.
Los dos partidos políticos coinciden con una estructura narrativa similar y es la de poner a sus ciudadanos como eje central para el Estado y redirigir el discurso sobre la migración hacia uno donde prevalezcan los conceptos de control y seguridad. Pero la pregunta es ¿Por qué esta narrativa está siendo eficaz?
Las narrativas de derecha y ultraderecha no construyen políticas migratorias desde cero. Utilizan miedos y preocupaciones preexistentes sobre la migración asociados a la seguridad, empleo, vivienda, servicios públicos o identidad, condensándolos en una amenaza común. Este ha sido tanto el caso en Colombia como en Alemania. Según un informe realizado en 2024 por el Latinobarómetro, el 76% de los encuestados en Colombia consideraba que la llegada de inmigrantes perjudicaba al país.
Esta percepción de la migración como amenaza también ha sido llevada a la conversación pública. El Barómetro de la Xenofobia registró que durante 2023 hubo un promedio de 1.281 menciones xenófobas contra personas migrantes y refugiadas venezolanas, con incrementos importantes asociados a determinadas coyunturas políticas y de seguridad. Asimismo, El Barómetro identificó cómo episodios concretos de criminalidad alimentaron discursos que vinculaban la inseguridad con la población migrante en su conjunto.
En Alemania el escenario ha sido similar. Una encuesta representativa a nivel nacional realizada en 2023 por la Bertelsmann Stiftung mostró que el 78% temía que la inmigración generara mayores costos para el Estado de bienestar, el 74% la relacionaba con una mayor escasez de vivienda en las grandes ciudades y el 71% temía problemas adicionales en las escuelas.
Estos datos no demuestran que de por sí los inmigrantes produzcan efectivamente esos efectos, ni que haya un rechazo absoluto a la población migrante. Lo que estos datos sí permiten identificar es la existencia de percepciones de amenaza asociadas a la inmigración. De hecho, en el artículo “Immigration threat perceptions: Experimental evidence of causes and consequences”, James Dennison distingue entre diferentes percepciones de amenaza asociadas a la inmigración, entre ellas aquellas relacionadas con la economía, el modo de vida nacional y preocupaciones humanitarias.
Más aún, el estudio encuentra una relación indirecta entre estas percepciones y el comportamiento electoral y afirma que las percepciones de amenazas asociadas a la inmigración (cualquiera que sea el tipo) no afectan directamente la elección del votante, sino que influyen en ella indirectamente a través de las preferencias sobre política migratoria. En otras palabras, no se vota necesariamente por sentirse amenazado, sino por las soluciones que los políticos plantean ante la percepción de amenaza.
Es justo en esos escenarios que los eslóganes de Colombia primero, Unser Land zuerst, America First, Prima gli italiani o Les Français d'abord se han vuelto particularmente poderosos. A grandes rasgos, los populismos con narrativas de derecha y ultraderecha han logrado condensar problemas diferentes en una misma narración. En el año 2024 el European Council on Foreign Relations (Ecfr) encontró que a pesar de que la migración ocupara un lugar protagonista en el debate político europeo, de un estudio realizado a doce países de la Unión Europea, tan solo el 15% de las personas encuestadas identificaba la inmigración como la crisis que más había transformado su manera de ver el futuro.
Para el Ecfr el rol narrativo de la derecha ha sido crucial para definir los términos del debate político en Europa, pues señala que la centralidad política de la inmigración no se explica porque los europeos la consideren su crisis más grave, sino porque los partidos de derecha han conseguido convertirla en “un símbolo de los fracasos de la Unión Europea”.
La inmigración puede así convertirse en un marco a través del cual se interpretan preocupaciones diferentes: la inseguridad, la presión sobre la vivienda y los servicios públicos, los cambios culturales o la pérdida de control sobre las fronteras. Es precisamente aquí donde aparecen algunas características comunicativas que la academia ha asociado con el populismo de derecha y es por esto que ya sea en Colombia, en Alemania o en Italia, el lenguaje empleado se ha enmarcado bajo similares fórmulas de éxito.
Primera, simplificación: problemas multicausales son enmarcados en explicaciones fácilmente inteligibles, en las que resulta posible identificar una amenaza, señalar responsables y ofrecer una solución clara.
Segunda, dimensión emocional: la movilización de emociones como la nostalgia, la ira o el miedo se convierte en otro elemento esencial del discurso. La literatura sobre privación nostálgica ha identificado que el apoyo a la derecha radical podría estar asociado a la percepción de que el propio grupo ha sufrido un declive injusto en su posición política, social o económica respecto del pasado. En esa medida, el discurso no solo se reduce a hablar del problema del presente, sino que se evoca también un pasado perdido.
Tercera, la idea de restauración: la narrativa empleada tiene como punto culminante no solo la de prometer solucionar el problema presente, sino también la de devolver el orden, la seguridad, la identidad cultural, la estabilidad económica que se perdió. Por ello, en sus propuestas restauradoras se incluye la idea de “hacer el milagro” o “hacer que América sea grande de nuevo”, porque no basta con mejorar el presente y construir un futuro, sino que se insta a una lógica restauradora en la que se busca recuperar un pasado presentado como mejor.
Si hay algo cierto es que los avances electorales de la derecha y extrema derecha en los últimos años no pueden ser ignorados. Aunque con contextos políticos, económicos y socioculturales distintos, muchos de estos movimientos han logrado articular una narrativa que parece ser eficaz y que en los últimos años ha logrado ganar en lugares donde parecía imposible.
Cuando se habla de inmigración, no es solo inmigración. Se habla de una promesa de seguridad nacional, de control, de establecer quiénes deberían ser prioritarios para el Estado. Pero también se habla de algo más y es de construir un futuro en el que se pueda recuperar lo perdido y de restablecer ese orden que alguna vez existió…
(*) Experta en Derecho Migratorio. Es abogada de la Universidad de Los Andes, con maestría en Gobierno y Políticas Públicas de la Libera Università Internazionale degli Studi Sociali "Guido Carli" (Luiss), de Roma, Italia.





