Por Romario J. Ortiz Sanjuanelo Primera Página – Agencia de Noticias – Cartagena de Indias. - Durante la 21ª Conferencia Internacional sobre Palma de Aceite en Cartagena, álvaro Amaya, director encargado de Cenipalma, destacó que la producción colombiana se multiplicó por 3,3 en las últimas dos décadas y media. En su intervención, advirtió que mientras Colombia triplicó su producción en el último cuarto de siglo, países como Guatemala multiplicaron la suya por 13 y Brasil por siete, lo que evidencia el dinamismo del mercado global y la necesidad de que Colombia acelere su innovación. “El crecimiento ha sido importante, pero otros países han avanzado a un ritmo mayor. Si Brasil, con un área relativamente pequeña, decidiera expandir sus cultivos, podría sacudir el mercado mundial”, advirtió Amaya. álvaro Amaya, director (e) de Cinipalma. El directivo explicó que la estacionalidad de la producción sigue siendo un reto: los picos de cosecha se concentran en los primeros meses del año, mientras que hacia la segunda mitad la curva de producción desciende. Frente a esta situación, sostuvo que la genética, la fisiología y el manejo agronómico deben integrarse para lograr una producción más estable. Otro de los puntos destacados fue la rentabilidad a lo largo de la vida útil de las plantaciones. Según Amaya, la productividad empieza a declinar a partir de los 12 a 15 años, lo que exige decisiones de renovación basadas en análisis técnicos y económicos. “Los productores conocen sus costos de hoy, pero deben proyectar hasta cuándo cosechar sin perder rentabilidad”, señaló. La mano de obra representa otro factor crítico. Con una población laboral cada vez más envejecida y la falta de interés de los jóvenes en empleos rurales, el sector se enfrenta a la necesidad de incorporar mecanización y capacitación. “Cuando las palmas sembradas hoy entren en producción, en 30 años, el reto de contar con trabajadores será más complejo. Debemos avanzar en mecanización y en mayor eficiencia de los procesos”, insistió Amaya. El directivo también recalcó que la expansión productiva debe ir de la mano con la investigación en valor agregado. Colombia ya cuenta con plantas de beneficio que permiten aprovechar los picos de producción, pero se requiere validar nuevas tecnologías y garantizar políticas públicas estables que acompañen al sector. Por su parte, Nicolás Pérez, presidente de Fedepalma, recordó que el crecimiento debe ser sostenible y con visión internacional. “La palmicultura colombiana está llamada a reducir su huella de carbono y a obtener certificaciones que garanticen acceso a mercados exigentes, especialmente en Europa”, señaló. Ambos dirigentes coincidieron en que el futuro de la agroindustria palmera depende de una estrategia clara: integrar investigación, sostenibilidad, innovación tecnológica y políticas públicas de largo plazo. “La capacitación, la comunicación y la adopción serán pilares fundamentales”, concluyó Amaya, reiterando que detrás de cada cifra hay miles de familias que dependen de este cultivo.