Por Camilo E. Ramírez Baquero (*)

Primera Página - Agencia de Noticias - 


Bogotá. -  La campaña política del partido Demócrata en Estados Unidos está hoy basada en la esperanza, no en los miedos y atemorizar la población para anunciarse salvadores, sino en vender un proyecto de país en el que todos quepan. 

Los estrategas Republicanos se muestran fuera de base, pues una mujer de color, ejemplo de superación y excelencia personal, y un carismático exprofesor blanco y entrenador de secundaria, antiguo miembro de la guardia nacional y al que le gustan las armas, hombre de familia sin casa ni automóvil propio, invitan a darle más oportunidades a la clase media, acceso a la vivienda a los jóvenes y ayudas económicas a pequeños negocios.

Mientras Trump y Vince critican a las mujeres solteras con gatos, a quienes asesinan embriones, a los inmigrantes ilegales y su único discurso es achacar la “terrible” economía gringa a Biden mientras defienden rebajas de impuestos a los ricos, se dan cuenta tarde de que el tema no es criticando personalmente y mostrándose abiertamente antipáticos sino creando ilusiones. 

En reacción, esta semana aparece Trump ofreciendo tratamientos gratis de fertilidad in vitro.

Es la crisis de los extremos y de los políticos que dividen, crean pánico y se anuncian como sus salvadores, propagando realidades inexistentes que terminan atemorizando a ciertos sectores de la población en interés de aquellos populistas irresponsables.

La realidad es que vender estupideces es negocio, siempre lo ha sido, pero siempre alguien con dos dedos de frente había podido darse cuenta de que algo andaba mal con las promesas y la realidad. Lo que trajo el populismo de los extremos es que dividió a los países entre unos y otros falsamente, ayudados por los robots de las redes sociales y las fake news.

Pero luego de los debacles de 2016 en Inglaterra, la llegada de Trump a Estados Unidos, y en Colombia el triunfo del No en el referendo por la paz, todo a punta de mentiras electorales, y los posteriores triunfos de la izquierda en los diferentes países latinoamericanos, la gente está agotada de que los traten como estúpidos y la esperanza es que los centros se posicionen fuertemente alrededor de estrategias políticas que reivindican valores sociales reales, como la unidad y la solidaridad. 

El caso de Francia, reciente y que ha sido falsamente reclamado como un triunfo de la izquierda, realmente fue un triunfo de los contrapesos políticos naturales: una Francia naturalmente multirracial y llena de privilegios laborales, no puede irse institucionalmente contra la inmigración porque necesita de la mano de obra ilegal menos onerosa y más dispuesta a trabajar.

Colombia empieza una campaña pre-electoral plagada de candidatos de todas las cepas, pero por alguna razón todos parecen enfocados en destacar las obvias limitaciones del Petrismo. No serán los extremos los que sean favorecidos por los electores en 2026, sino los sueños de rescatar la unidad de este país.

(*) Abogado tributarista y estratega empresarial.