Por Bernardo Ordóñez Sánchez (*)
Primera Página – Agencia de Noticias –
Bogotá.-La política colombiana está suscitando una imagen dentro del país que no necesariamente va de acuerdo con la que muestra a nivel internacional.
Esta semana el panorama político interno de Colombia se movió bastante, con el presidente trinando en diferentes idiomas que hay un quiebre institucional, el palacio de justicia rodeado y bloqueado por manifestantes, convocados por el mismo Gobierno, y con una palpable tensión entre el poder ejecutivo y el judicial.
Con el foco de atención puesto en estos hechos internos, han quedado de lado varios temas de importancia para Colombia en el ámbito internacional, por esto es importante mencionarlos en este artículo, pues pueden producirse cambios en la política internacional colombiana, más aún ad portas de los relevos en la Cancillería.
A pesar del miedo que tenía gran parte de la población, principalmente empresarios, frente a la relación del presidente Petro con los Estados Unidos, se ha visto desde que se posesionó en el cargo que los Estados Unidos no ven a Petro con los mismos ojos que los colombianos lejanos a su proyecto político.
Estados Unidos parece no querer que Colombia se le salga de las manos, por lo que ha propendido por mantener una relación cordial con el gobierno con acciones como regalar aviones para el cuidado de la Amazonia, manifestar respeto por su democracia y ser recibido con honores de gobernante por parte del presidente Biden.
Una muestra de la buena voluntad de Estados Unidos frente al gobierno colombiano fue esta semana el nombramiento del presidente colombiano como negociador entre el gobierno y la oposición venezolana, con esto Petro puede mostrar una imagen más conciliadora y fortalecer su figura de la paz total, mientras que Estados Unidos lograría quedar bien con el Gobierno venezolano, además aumentaría su influencia en la región y ayudaría a estabilizar la misma, manteniendo a los países con sistemas democráticos.
Si bien Estados Unidos coloca a Colombia como la parte conciliadora, también aparenta estar jugando al policía bueno y el policía malo, pues iniciando esta semana, le dio un ultimátum a Venezuela con plazo hasta abril para que cumpliera el acuerdo de Barbados con la oposición, creando tensiones entre los diplomáticos de ambos países, pues el presidente de la Asamblea Nacional Jorge Rodríguez, hermano de la vicepresidenta, contestó con ultrajes y maltratos al gobierno americano. A esto, el gobierno americano respondió nombrando al presidente colombiano como negociador, lo que pareciera ser un contentillo para Maduro.
Esta decisión de Estados Unidos puede ser muy beneficiosa para todos los frentes, sin embargo, Petro ha mostrado una relación mucho más cercana con el régimen venezolano que con la oposición, lo que permite suponer que la mediación sea desigual y la oposición tenga desventaja desde antes de comenzar la negociación, vislumbrando la poca importancia del resultado para el gobierno americano.
A lo anterior se le suma el permiso otorgado por Estados Unidos a la empresa petrolera Chevron para iniciar la recuperación y producción de los pozos petroleros que hoy se encuentran abandonados y con baja producción en Venezuela, lo que muestra los intereses reales de los americanos.
Estados Unidos tiene muchos frentes qué atender en la actualidad; la guerra de Ucrania, las tensiones en Israel, la disputa China – Taiwán, los problemas económicos con los productores árabes de petróleo, el pleito limítrofe con Guyana, de esto puede inferirse que su principal foco de interés no esté en América Latina.
La importancia del rol del presidente colombiano radica en que ayuda a mantener un cierto control sobre la situación, a su vez, fortaleciendo la relación de Colombia y Venezuela como vecinos contribuyendo a evadir los riesgos de tomar partido en la negociación interna.
Se puede ver entonces que la política internacional de Colombia se ha movido hacia la conciliación entre otros países y el fortalecimiento de Colombia como un foco de mediación de conflictos, política que se había implementado bastante durante el gobierno Santos y que cambió abruptamente con el Gobierno Duque.
Este precedente se puede observar con María Ángela Holguín, quien está fungiendo en Chipre como mediadora en el conflicto Grecia – Turquía, y ahora con el mismo presidente Petro, quien entraría a mediar el conflicto en Venezuela y también ha sido postulado para el conflicto Israel – Palestina.
Si el presidente sale airoso de esta mediación con Venezuela, podría tener un mayor reconocimiento internacional, que es algo que ha buscado desde que llegó al cargo.
En medio de este movido panorama internacional que tiene Colombia, hay muchas dudas y muchas expectativas, pero la verdadera pregunta que se genera es ¿En dónde está el expresidente Juan Manuel Santos?
(*) Economista M.B.A. Politólogo. Exconcejal de Bogotá.





