Por José Miguel Santamaria Uribe (*)

Primera Página – Agencia de Noticias –

Bogotá.- Mientras los organismos de control del Estado no sean elegidos por el pueblo sino por los que en un futuro van a ser controlados y vigilados, nunca dejaremos de ver cómo hacen fiesta con los recursos públicos. El régimen se protege.

Aunque Colombia es un país donde el sector privado es el gran empleador y generador de riqueza, esto se circunscribe a las grandes ciudades, en las regiones el poder del gobernador y los alcaldes es cada día mayor: manejan un presupuesto que los convierte en reyes y pueden controlar prácticamente toda la economía a su alrededor. En la mayoría de los municipios de quinta y sexta categoría el mayor empleador es el propio municipio.

La democracia nos enseña que tanto el concejo municipal o la duma departamental deben hacer el control político y fiscal de los alcaldes y gobernadores, pero en la práctica no funciona, terminan entregados y cogobernando. En un departamento como Cundinamarca, por ejemplo, que es de los grandes y ricos, de los 16 diputados en esta legislatura, solo uno hizo oposición, los demás quedaron empalagados de tanta mermelada y contratos que recibieron; aprobaron todo porque iban en el mismo coche.

Así mismo, de los más de 1.000 municipios que tiene el país, más del 90% no es autosuficiente fiscalmente. Entonces dependen totalmente de los recursos que les gire el departamento y el Estado para sobrevivir. Esto genera una dependencia que hace que muchos alcaldes terminen haciendo lobby en la capital más días a la semana que gobernando en su municipio. La dependencia es total. El centralismo es total.

Los pocos municipios y departamentos ricos, los cuales tienen alguna independencia fiscal, convierten al dirigente de turno en un poderoso, que maneja totas las riendas, inclusive a la prensa.

Miremos no más lo que ha pasado en Bogotá. La publicidad que ha venido sacando la alcaldía de la capital de la República en prácticamente casi todos los medios de comunicación durante los últimos días es verdaderamente escandalosa. Millones de pesos despilfarrados a su antojo, mostrándose más ella que la administración. Claudia Lopez está haciendo ya su campaña a la presidencia del 2026 con los recursos de todos los bogotanos.

Pero no solo es lo que dice en la publicidad, donde ella es el eje central, nunca la ciudad, si no también por la cantidad de recursos que gasta en pauta. Y termina siendo entrevistada y vanagloriada en todos estos medios que sin pudor hacer publirreportajes descaradamente.

Nunca antes se había visto en Bogotá algo tan descarado, tratando de demostrar la gran alcaldía que ha hecho cuando la realidad es que su gestión ha sido muy pobre. Tristemente el Concejo ha cerrado los ojos y poco control ha hecho de estos gastos.

Muchas veces llega uno a pensar si verdaderamente la elección popular de alcaldes y gobernadores vale la pena, cuando derrotar al establecimiento, al alcalde o gobernador de turno es prácticamente imposible. Ellos hacen la campaña en cuerpo ajeno con los recursos públicos para sus candidatos. El descaro es total y es peor a medida que el municipio es más pequeño y pobre.

La publicidad oficial debería ser solamente para capacitación y educación, mucho más controlada y contratada mediante procesos claros y verificables. Hoy es fácil saber cómo muchos medios son más bien parlantes del gobernante de turno que comunicadores confiables de la realidad de cada territorio.

(*) Empresario y ex corredor de bolsa.