Por Julián García (*). Primera Página – Agencia de Noticias – Bogotá.- Los sistemas eléctrico y gasífero del país están en alerta naranja tirando a rojo; y no solo en el corto plazo, también en el mediano plazo. Son muchos los factores que pueden derivar en un apagón generalizado, es un asunto de probabilidades que depende de la gestión de riesgos que se tenga. El costo de un apagón eléctrico para la sociedad sería inmenso. A veces se cree que, por Colombia tener un sistema principalmente hidroeléctrico, el sistema eléctrico depende solo de las lluvias y, además, que las lluvias son ¨predecibles¨. Esto es errado. Por un lado, por más información real y modelos científicos que se tengan hoy sobre el clima, el comportamiento de los fenómenos naturales tiene y seguirá teniendo un alto grado de incertidumbre; inclusive, con el cambio climático del planeta, la incertidumbre ha aumentado. Si bien hay patrones o estacionalidad en el clima, como el saber común de ¨abril aguas mil¨ en el eje Andino, hay abriles muy lluviosos y abriles poco lluviosos, con todo un gran rango de probabilidades. El Fenómeno del Niño es altamente incierto, en varias variables como su duración e intensidad. En efecto hoy, tras varios meses desde que inició, todavía hay incertidumbre sobre su evolución en las próximas semanas, solo hay probabilidades. En climatología sólo existen ¨probabilidades¨, jamás certeza en los pronósticos. Por otro lado, el desempeño del sistema eléctrico depende también, tanto de las otras fuentes de energía para generar electricidad como gas natural, carbón, diésel y radiación solar, como de un complejo sistema de infraestructura energética, que es vulnerable. Por ejemplo, puede fallar el suministro de gas si ocurre un evento operativo en la planta tratamiento de gas de Cusiana que abastece casi todo el gas del interior (como ha sucedido); puede fallar cualquier gasoducto que lleve gas a las térmicas como el gasoducto Mariquita -Cali que lleva el gas a las térmicas del Valle (como ha sucedido), puede fallar la importación de gas licuado que abastece las plantas del Caribe, pueden fallar turbinas de las hidroeléctricas (como falló una muy importante en el anterior Niño), puede fallar las térmicas a carbón, que están trabajando a plena carga, o sea, máxima exigencia; pueden fallar las líneas de transmisión de electricidad habida cuenta de la mayor demanda eléctrica y los significativos atrasos en su expansión (como sucede regularmente en la región Caribe y como lo ha hecho relevante el GEB en estos días). Así, hay mucha infraestructura del sistema que es vulnerable, y que, en momentos de máxima exigencia, como en la actualidad, se hace aún más vulnerable. Por tanto, no basta con rezarle San Pedro para que llueva, y menos confiar en ¨pronósticos¨ climáticos inciertos, hay muchas incertidumbres y vulnerabilidades, y ello requiere hacer toda una gestión integral de riesgos, no solo para pasar lo que quede del Fenómeno del Niño actual sino para prepararnos para los próximos años. Si la demanda eléctrica sigue creciendo así de rápido como ha sido en los últimos años, como muy probablemente sucederá, si las reservas de gas continúan declinando, como muy probablemente seguirá hasta concretar alguno de los descubrimientos costa afuera o en el Piedemonte, si continúan los atrasos en las nuevas líneas de transmisión, como parece probable que suceda, si continúan los atrasos en nueva generación con plantas eólicas en la Guajira, como parece probable que suceda, pues las probabilidades de racionamiento ante un nuevo Niño irán aumentando con el tiempo. Y cuándo y cómo será el próximo Niño, es asunto incierto. La gestión de riesgos parte de una sólida planeación que considere el comportamiento incierto, fluctuante e intermitente de los fenómenos climáticos, de la incertidumbre de los recursos naturales y, del complejo y vulnerable sistema eléctrico, que incluye además el abastecimiento de las diferentes fuentes para la generación, como el gas nacional y el importado, y que incluye también la evolución de la demanda y el complejo sistema comercial y regulatorio. El mayor riesgo para la gestión de riesgos es improvisar, suponer que los fenómenos naturales son predecibles y suponer que el sistema operará perfecto. El sistema necesita ¨holguras¨ por todas partes para manejar los muchísimos riesgos, cada componente del sistema tiene un árbol de probabilidades, que incluye también el factor humano con su probabilidad de errores operativos y de gestión. Hoy el sistema tiene pocas holguras y por eso la confiabilidad se vuelve un juego de probabilidades. En el Niño anterior 2015-16 el presidente Santos debió despedir del cargo al Ministro de Minas y Energía de turno, para él mismo pasar a comandar la gestión de riesgos en caliente. Pregunto: Habremos avanzado en gestión de riesgos para este Niño y, para el próximo Niño que no sabemos en absoluto cuándo y cómo será ¿?. */ Especialista en Energía y Recursos Naturales