Primera Página – Agencia de Noticias - Bogotá.- La producción de cocaína en Colombia, considerada la mayor del mundo, ha fluctuado significativamente desde 1993 hasta 2024, influenciada por diversos factores como las políticas de erradicación, la demanda internacional y los conflictos internos. De acuerdo con el abogado constitucionalista, Juan Manuel Charry, aunque no se pueden ofrecer cifras exactas y constantes debido a la naturaleza clandestina del narcotráfico y las estadísticas varían entre diferentes fuentes y años, algunos observadores consideran que la producción ha fluctuado durante más de 30 años entre 500 y 1.800 toneladas anuales. (*) Tabla elaborada por el abogado constitucionalista, Juan Manuel Charry. El panorama sería diferente si se tiene en cuenta el número de hectáreas sembradas de coca: inicialmente de 162.120 (1999), el más bajo 48.189 (2013) y el más alto de 262.000 (2024). Charry señaló que un cálculo muy conservador indicaría que se necesitan alrededor de 320 hectáreas para producir una tonelada de cocaína, a un valor de US$25 millones, aunque podría llegar al doble dependiendo de las circunstancias. Significaría para la producción más baja de 150,59 toneladas un valor de US$3.765 millones (2013) y la más alta de 818,75 un valor de US$20.469 millones (2024), que representaría cinco puntos del PIB aproximadamente. Las negociaciones con los grupos insurgentes de los gobiernos de Pastrana, Santos y Petro, muestran crecientes extensiones sembradas de coca 163.290 (2000), 171.495 (2017) y 262.000 (2024). Ahora bien, durante el Gobierno Duque el número de hectáreas llegó a 204.257. “Se podría decir que el verdadero problema del país son las economías ilícitas, especialmente el narcotráfico, con su inmenso poder corruptor de soborno, intimidación y muerte. La siniestra alianza de esas organizaciones del crimen con grupos insurgentes inescrupulosos ha producido tenebrosos actores políticos que se aprovechan de la supuesta ingenuidad estatal de negociación y reinserción de guerrilleros a la vida civil”, agregó Charry. Y explicó, “lo cierto es que el macabro negocio crece, que la paz y la reducción de la violencia no se logran, que la corrupción se extiende, que extensiones inmensas del territorio están bajo influencia de grupos armados ilegales, y que la política se sigue haciendo con discursos simplistas de cambios sociales, protecciones a débiles y desfavorecidos, bajo promesas de oportunidades y extraordinarios emprendimientos”. “Se ha perdido una generación a la sombra de narcotráfico y la insurgencia, creyéndonos personas de bien hemos ignorado la muerte de héroes que denunciaron y enfrentaron a las mafias, permitiendo el deterioro y saqueo del Estado”, concluyó Juan Manuel Charry.