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Bogotá. – Según datos de la Cámara Colombiana de Comercio Electrónico (Ccce) el año pasado las ventas online en Colombia alcanzaron los $62.1 billones.

Dicha cifra, representó un incremento de más del 12% en comparación con el 2022. En términos de métodos de pago, las tarjetas de crédito/débito han sido las favoritas con el 52,8% del total.

Luego de dos décadas y tras un fuerte aumento en el uso de las tarjetas de débito y crédito en Colombia, en el año 2000 el número de tarjetas de crédito alcanzó los 1.9 millones. Más de 20 años después, en 2023, llegó a los casi 15 millones.

Sin embargo, en este mismo año se observó una reducción de más de 500.000 tarjetas de crédito, muy conectado por el coletazo económico global postpandemia. A diferencia de lo anterior, las tarjetas de débito han mantenido históricamente un crecimiento regular, llegando a 47 millones en 2023 y marcando así un aumento del 7% con respecto al año anterior.

En este marco, hoy en día, a pesar de que el efectivo sigue siendo el método de pago preferido por los colombianos, se observa un creciente interés por los pagos digitales. Las transferencias electrónicas, por ejemplo, han pasado del 2.7% en 2019 al 12.6% en 2022.

Por su parte, las tarjetas virtuales, tanto de débito como de crédito, también han ido ganando popularidad, ya que ofrecen una forma segura y conveniente de realizar transacciones en línea.

En la actualidad, las tarjetas de crédito son el medio de pago electrónico líder en América Latina, con un 50% de participación en el comercio electrónico y un 20% en los pagos presenciales. Por ello, se espera que la tendencia hacia la digitalización de las finanzas continúe, y las tarjetas virtuales jueguen un papel crucial en este proceso. En Colombia, los consumidores tienen una amplia gama de opciones de pago, desde comercio electrónico hasta aplicaciones P2P, lo que refleja la evolución del mercado hacia soluciones digitales.

En Colombia, el uso de tarjetas de crédito se introdujo en 1970, cuando el Banco de Bogotá comenzó a operar con la corporación Bank of America. Gradualmente, durante las décadas de los 70 y 80, estos productos fueron ganando popularidad no solo en Estados Unidos, sino que también en otros países, convirtiéndose en un método de pago común.

Con la llegada de los años 90, y con el advenimiento del comercio electrónico, surgió la preocupación por la seguridad de la información financiera en línea, lo que llevó a la implementación de tecnologías como la banda magnética y el chip EMV para mejorar la seguridad de las transacciones y reducir así el riesgo de fraude en internet.