Por Manuel Maiguashca (*) Primera Página - Agencia de Noticias - Bogotá.- En la cuarta entrega del documento “La maldición de los dinosaurios muertos 2”, del exviceministro de Minas y Energía, Manuel Maiguashca, se refirió a la retórica nociva del discurso adoptado por el presidente de la República, Gustavo Petro, sobre la transición energética. Ahora sí, Colombia El siguiente capítulo es algo desordenado. Intenta enfocarse en temas de transición energética en Colombia, pero divagará sobre temas fiscales que parecen relevantes, temas geográficos que son determinantes y sobre coyuntura política. Acudiré a repetir ciertos aspectos ya mencionados hace un par de años sin citar el ensayo inicial e intentaré cerrarlo con unas conclusiones consistentes con las críticas que se realizan a lo largo de este documento. Colombia: ínfimo, atípico y comprometido Colombia es un ínfimo emisor de GEI en proporción al resto del mundo (ver Gráfica 33) y sus emisiones principales no provienen del sector energético, lo cual es totalmente diferente a la tipología de emisiones en otros países (ver Gráfica 34). La fuente de más del 60% de emisiones en Colombia es el uso de suelos, en donde la mayor parte se produce por el cambio de uso de suelos de forestal a pastizales. Y el segundo ítem de mayor emisión es la fermentación entérica que proviene de la ganadería. Entre estos dos ítems se producen más emisiones que lo que produce todo el transporte y toda la industria de la energía de Colombia. Es decir que afectar el consumo energético colombiano (industria, transporte, electricidad) 96 con intervenciones que aceleren la reducción de emisiones tiene un efecto en las emisiones del mundo del .12% al .18% dependiendo de las emisiones totales del país. Colombia es ínfimo y las emisiones del sector de energía, transporte e industrial son mega ínfimas. Hay otro par de artesanías colombianas que reflejan su particularidad en consumos energéticos. La primera, de lejos, el sector que más consume energía en Colombia es el transporte, un 48% (ver Gráfica 35) con un consumo de combustibles fósiles líquidos de prácticamente un 90%, y el sector industrial, que es uno de importantes consumos en países industrializados, consume poca energía y muy poca energía eléctrica. Inclusive comparando con países vecinos, el consumo eléctrico de la industria en Colombia es muy bajo (17%) y consume más en energéticos primarios fósiles como el carbón y el gas natural que suman un 56% (ver Gráfica 36). La condición de emisor ínfimo de Colombia frente al mundo y de un país de ingreso medio, debería ser suficiente para ser un lento caminante en la transición energética. Pero hay más razones para esto: el sector de mayores emisiones es el de uso de suelos que es el más difícil de controlar ya que depende de la deforestación por actividades ilegales como lo son los cultivos ilícitos, la minería y ganadería que amplía su frontera en campos forestales (ver Figura 9); el sector de transporte depende casi de un 100% de combustibles fósiles y el sector de carga no tiene hoy tecnologías para sustituir el uso del diésel; la matriz eléctrica en Colombia depende en más del 60% en un año normal, en energía generada por centrales hidroeléctricas que tienen menores emisiones; El sector industrial consume muy poca energía eléctrica y muchos fósiles así que es muy costosa su conversión tecnológica y, por último, Colombia tiene unas marcadas fluctuaciones climáticas con llegadas de sequías cada cinco o seis años (El Fenómeno de El Niño) lo cual exige un parque térmico de respaldo listo para soportar estas temporadas y cuenta con más de 40 años de reservas de carbón térmico y buena parte de éstas en el interior del país con pocas alternativas de exportación y muchas de quemarlo en centrales de generación. Pero estas razones no fueron suficientes para evitar que Colombia firmara compromisos exigentes de reducción de emisiones en el Acuerdo de París. Los compromisos de Colombia son muchos más ambiciosos que los pares de su región. La contribución determinada a nivel nacional (“CDN”), establece como meta para reducir las emisiones de GEI “un 51% respecto del escenario de referencia (Gobierno de Colombia, 2020). Esta meta, que se traduce en un nivel máximo de emisiones de 169,4 MtCO2e y en una reducción absoluta del 44 % respecto de los niveles de 2018, supera la de los países comparables de la región. Asimismo, el país profundizó su compromiso de proteger los bosques al ratificar en 2021 la Declaración de los Dirigentes de Glasgow sobre los Bosques y el Uso de la Tierra, y suscribir el Compromiso Mundial sobre el Metano, mediante el cual se acordó reducir para 2030 las emisiones mundiales de metano en un 30 % con respecto a los niveles de 2020. Colombia es también uno de los ocho países latinoamericanos que han elaborado una estrategia climática a largo plazo, la cual apunta a lograr una economía resiliente y con cero emisiones netas para 2050 (Climate Wat
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Discurso de transición energética del presidente Petro no tiene beneficio a la población colombiana ni al mundo en general: exviceministro Maiguashca
“El discurso sobre transición energética que ha adoptado Colombia, particularmente a través del presidente Gustavo Petro, no tiene beneficio para la población colombiana ni para el mundo en general. El presidente, en diferentes foros locales e internacionales, sostiene que hay un segmento del mundo desarrollado que se
Por Redacción

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